Limpieza profunda

Para oir el audio pincha aqui.

Hoy quiero reconocer la labor del personal de limpieza de los hospitales y residencias de mayores.  Cuando pensamos en los que están en primera línea de la lucha contra el Covid19, tendemos a pensar en los médicos y enfermeras, pero si no fuera por el trabajo de los que desinfectan todo no serviría de mucho.  Ya que, a partir de este sábado, vamos a empezar a salir a la calle, el trabajo de limpieza será aún más importante.  Merecen nuestro aprecio y colaboración.

Pero hay males que no se limpian con lejía.  Hay heridas que no se curan con medicina.  Hay un virus espiritual con consecuencias tangibles que no tiene vacuna.  Cuando el rey David se acostó con la mujer de otro, intentó encubrir el embarazo resultante, y luego facilitó la muerte del marido, nada podía limpiar la maldad de lo que había hecho.  Cuando finalmente David se arrepintió, escribió Salmo 51. En el salmo reconoce su rebelión contra Dios.  Asimila su pecado.  Y se arroja ante la misericordia de Dios pidiendo que él limpie su corazón.

En los próximos días, cada vez que lavas las manos o coges la lejía para desinfectar las superficies de tu casa, haz una oración por las limpiadoras, pero luego haz una oración por ti mismo: “lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado…crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”  Aunque no hayamos caído en los mismos pecados del Rey David, todos necesitamos el perdón de Dios.  Por eso vino Jesús: a limpiarnos.  Todos.   

Salmo 51:1-12

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;

Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad,

Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones,

Y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado,

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

Para que seas reconocido justo en tu palabra,

Y tenido por puro en tu juicio.

He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,

Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Purifícame con hisopo, y seré limpio;

Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Hazme oír gozo y alegría,

Y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados,

Y borra todas mis maldades.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.

Vuélveme el gozo de tu salvación,

Y espíritu noble me sustente.

Yo te animo a que recibas ese perdón, reconociendo que te hace falta, como a todos, una limpieza profunda de tu ser espiritual.    El Señor es fiel para perdonarnos de toda mancha de pecado. 

(Tomado de: Aliento para Aguilar 33, Jaime Memory.)

Published by reamadrid

Church Planting in Europe with European Christian Mission Intl. www.ecmi.org. Catalyst for the Lausanne Movement Church Planting Issue Network.

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